miércoles, 23 de abril de 2014

Más de un camino

La semana que viene cumplo 52.
Hace rato que hubiera detenido el calendario para no cumplir ni un solo año más y podría haberlo hecho, pero arrugué.
Tengo un amigo que trabaja en el Registro Nacional de las Personas y siempre me ofrece cambiar la fecha de mi nacimiento. El sostiene que mi madre estaba ansiosa y me anotó antes de parir, yo lo tomo como una broma. Si fuera por eso, mi edad variaría en días o meses y no es el caso.
Sigo siendo del 62, pero ya no soy la misma. Es más, a los años que viví entre los cuarenta y los cincuenta, les puse “ década de las declinaciones”; no por que se hayan caído partes de mi cuerpo, eso lo mantengo casi en el mismos lugar, el secreto es no marear a la balanza, si hay que engordar que sea lo menos posible.
Declinaron las certezas.
Para empezar me separé del padre de mis hijos con quien planeaba morir abrazada al estilo Filemon y Bausis.
Primero le metí los cuernos, así arrancó la cosa; cuando a él se le ocurrió confesar un amorío y lo único que pude hacer fue pagarle con la misma moneda. Solo por venganza me acosté con el primero que me dijo que sí.
Siempre sostuve que para mi la fidelidad era irrelevante, no era infiel pero tampoco celosa.
En ese momento descubrí que el tamaño es importante, que no da lo mismo.
Una sola vez me molestó; lo escuché haciendo chistes con sus amigos decía que como era muy alto ( mide casi dos metros), la sangre no irrigaba bien. Me ofendí muchísimo. ¿Como iba bromear con una cosa así?
Ante todo: si hay miseria que no se note.
Pero no me importó, seguí con él. Enamorada de mi gran hombre y su pequeño pene.
Tuvimos una buena vida, una empresa familiar casi perfecta pero su infidelidad confesa no estaba prevista, lejos estuve de perdonar, entender o superarla. Atrás quedó mi esencia monogámica y progresista.
No podía con mi bronca y me divorcié. Por suerte; me debía otras experiencias y en medio de un huracán, dónde ya no sabía quien era, descubrí que lo del tamaño tenía su costado práctico, por llamarlo de alguna manera.
No volvería a convivir y ahí está otro de mis ángeles caídos: yo pensaba que la lógica de una pareja enamorada era “el nidito de amor”.

Puede no serlo, no lo es para mi, por ahora.
También en eso cambié, ya no me siento segura estando segura de nada, ahora prefiero dudar o más bien estar segura de que hay más de un camino.
Es lo que me gusta de seguir cumpliendo años, aprender, cambiar. Y en movimiento, si quiero, elegir otro rumbo. Torcer el destino.


Por eso, ya mismo me pongo a organizar mi fiesta de cumpleaños.

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