Soy Adriana y estoy esperando a mi marido que salió a cenar con una clienta del banco dónde trabaja hace años.
El viernes pasado cuando nos encontramos como siempre al final del día, me contó que había atendido a una mujer que necesitaba saldar varios créditos de distintos valores, parece que el trámite era largo y complicado pero lo llamativo fue que la señora lloraba sin parar.
El no se atrevió a preguntarle nada, trataba de no mirarla pero sentía que todos lo miraban a él como si fuera responsable y aunque ni la conocía se sintió culpable, de nada por que además, estaban resolviendo un problema.
En un momento se le ocurrió que tal vez lloraba de alegría o alivio y la miró; no, claramente sufría. Podría ser por la muerte de algún ser querido que le dejó el dinero para pagar las deudas o una indemnización laboral. Cualquier cosa podía ser.
La situación se ponía más incómoda y la gente se acumulaba form
ando una fila que llegaba hasta la puerta.
El sudaba como si estuviera en un sauna, tenía la camisa completamente mojada.
Cuándo estaban ya terminando, parece que la tipa le miró las manos, no está usando la alianza por que le queda chica, y le preguntó:
- Usted es casado?
- Si, hace más de veinte años, contestó si sacar los ojos de la computadora.
- Disculpe, como es tan amable pensé en invitarlo a cenar, le dijo y siguió llorando con más ganas.
- Espere, no se ponga así, le contestó. Mi mujer es muy comprensiva y abierta, yo le puedo explicar y si usted quiere vamos a cenar. Déjeme su teléfono.
- Le agradezco tanto, estoy muy sola, necesito conversar con un hombre, sin compromiso, solo conversar, no me malinterprete, llámeme por favor.
Lo conozco y sé por que lo hizo, pensó que así terminaba de una vez con la llorona y como por arte de magia la tipa se iba y asunto olvidado.
Cuándo me lo contó, sentí pena por ella y creo que hasta me vi reflejada en esos momentos que una tiene; lloras y no sabe porqué, si es que te esta por venir o la humedad, el cansancio, la leche derramada.
Antes de que me preguntara y sin pensar le dije, - Llama pobre mina, vayan a cenar.¿Que puede pasar?
Me miró desorientado y ahí entendí que era un delirio.
No sé si fue para demostrarle cuán amplia y solidaria podía ser, la cosa es que insistí y no paré hasta que lo logré.
Ahora estoy acá, pensando cualquier cosa.
No dudo de su amor por mi, ni creo que vaya a serme infiel.
Pienso en la fidelidad y la misma cena me parece un engaño. Sentados uno frente al otro. ¿ Cuán grande puede ser la mesa? Imposible no mirarse.
Entre dos personas comiendo, hay momentos de silencio y de tensión.
El siempre se estira, no le gusta estar sentado y le va a tocar las piernas por debajo de ña mesa.
¡No!
¿Como pude ser tan estúpida?
¿Qué me quiero demostrar? ¿Y si no vuelve? ¿Y si vuelve mañana y me dice que lo nuestro se acabó, que le gustó y que quiere probar con ella?
Me estoy volviendo loca.
Nunca más me presto a una cosa así. Pero obvio, solo a mi se puede ocurrir.
Soy una tarada.
Creo que voy a dejar de esperalo y me voy a bañar por cuarta vez.

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