lunes, 24 de marzo de 2014

¿Celosa yo?

Soy Adriana y estoy más cerca de ser abuela que madre. La verdad es que me alegro; especialmente cuándo veo a esas pobres mujeres tironeadas por un niño que grita y se retuerce como si estuviera poseído.
Sin duda, los primeros años de los hijos suelen ser fatales.
Y la que diga que no. Está mintiendo.

Hace casi una década que vivo con mi segundo marido pero ya hice las valijas y estoy con un pie afuera.
Si tuviera veinte años saldría corriendo. No lo aguanto más.
Todo empezó, el año pasado cuándo me reencontré con un grupo de compañeros de colegio y pusimos un día en la semana para juntarnos a cenar. Al principio parecía que estaba todo bien. El tenía fútbol los martes y yo salía los jueves. Pero duró poco.
- Nosotros somos todos varones y ustedes no.
- ¿ Y que tiene que ver? Yo confío en lo que me decís y vos tendrías que hacer lo mismo.
- Bueno, pero no entiendo por qué no van con sus parejas.
- Por que no!
- Vos no me elegís.
- ¿A no? ¿Y con quien duermo?
-
Una noche me siguió, éramos todas mujeres por que jugaba la selección y los varones se quedaron mirando el partido.
 El no, él me esperó en la puerta del bar y cuándo salí, hizo un escándalo.
- Claro, cómo sabías que iba a venir, avisaste y no vino tu amante. Decime quién es.
Lo perdoné por que me prometió y juró que nunca más. Pasaron dos semanas y empezó con la cantinela.
Los hombres piensan que nosotras somos como ellos, capaces de tener dos o más mujeres al mismo tiempo.
¡No! Cuándo una está en pareja y conoce a otro, lo más probable es que intente definirse y eso es un error porque si una relación arranca de amantes, pierde toda gracia si de repente alguno de los dos se aparece con el cepillo de dientes diciendo:
- Mi amor, me separé.

No lo engañé ni tuve ganas de hacerlo.
Me molesta que sus celos no lo dejen pensar. Me revisa la cartera mientras estoy en la cocina. Me huele cuando llego a casa y encima trata de disimular y aunque lo niegue estoy segura que también lee mis chats.
Evidentemente, esto es un camino de ida sin retorno. Lo imagino sentado en la cama revolviendo una y otra vez el mismo cajón sin encontrar ni una sola evidencia de infidelidad pero sin poder parar.
- Quiero que nos tomemos un respiro, le dije hace unos días
- No, si te vas, nos separamos
- Pero necesitamos aire, contesté casi gritando.
- Abrí las ventanas y respirá.
Creo que lo mejor que puedo hacer por él, es librarlo de mi. Me da bronca perderlo así, sin razón.
Además estoy segura de que mucho antes que yo, el se va a volver a enamorar y va a recuperar el amor propio.
De todas formas, parto y le dejo mi celular por si quiere revisarlo una vez más y sobre todo para que no tenga a dónde llamarme.




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