Soy
Adriana y estoy más cerca de ser abuela que madre. La verdad es que
me alegro; especialmente cuándo veo a esas pobres mujeres tironeadas
por un niño que grita y se retuerce como si estuviera poseído.
Sin
duda, los primeros años de los hijos suelen ser fatales.
Y
la que diga que no. Está mintiendo.
Hace
casi una década que vivo con mi segundo marido pero ya hice las
valijas y estoy con un pie afuera.
Si
tuviera veinte años saldría corriendo. No lo aguanto más.
Todo
empezó, el año pasado cuándo me reencontré con un grupo de
compañeros de colegio y pusimos un día en la semana para juntarnos
a cenar. Al principio parecía que estaba todo bien. El tenía fútbol
los martes y yo salía los jueves. Pero duró poco.
- Nosotros
somos todos varones y ustedes no.
- ¿
Y que tiene que ver? Yo confío en lo que me decís y vos tendrías
que hacer lo mismo.
- Bueno,
pero no entiendo por qué no van con sus parejas.
- Por
que no!
- Vos
no me elegís.
- ¿A
no? ¿Y con quien duermo?
-
Una
noche me siguió, éramos todas mujeres por que jugaba la selección
y los varones se quedaron mirando el partido.
El
no, él me esperó en la puerta del bar y cuándo salí, hizo un
escándalo.
- Claro,
cómo sabías que iba a venir, avisaste y no vino tu amante. Decime
quién es.
Lo
perdoné por que me prometió y juró que nunca más. Pasaron dos
semanas y empezó con la cantinela.
Los
hombres piensan que nosotras somos como ellos, capaces de tener dos o
más mujeres al mismo tiempo.
¡No!
Cuándo una está en pareja y conoce a otro, lo más probable es que
intente definirse y eso es un error porque si una relación arranca
de amantes, pierde toda gracia si de repente alguno de los dos se
aparece con el cepillo de dientes diciendo:
- Mi
amor, me separé.
No
lo engañé ni tuve ganas de hacerlo.
Me
molesta que sus celos no lo dejen pensar. Me revisa la cartera
mientras estoy en la cocina. Me huele cuando llego a casa y encima
trata de disimular y aunque lo niegue estoy segura que también lee
mis chats.
Evidentemente,
esto es un camino de ida sin retorno. Lo imagino sentado en la cama
revolviendo una y otra vez el mismo cajón sin encontrar ni una sola
evidencia de infidelidad pero sin poder parar.
- Quiero
que nos tomemos un respiro, le dije hace unos días
- No,
si te vas, nos separamos
- Pero
necesitamos aire, contesté casi gritando.
- Abrí
las ventanas y respirá.
Creo
que lo mejor que puedo hacer por él, es librarlo de mi. Me da
bronca perderlo así, sin razón.
Además
estoy segura de que mucho antes que yo, el se va a volver a enamorar
y va a recuperar el amor propio.
De
todas formas, parto y le dejo mi celular por si quiere revisarlo una
vez más y sobre todo para que no tenga a dónde llamarme.
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