Soy Adriana y tengo dos hijos varones que ya están bastante grandecitos aunque yo los trato como a “mis bebes”.
El mayor tiene diecinueve y el chiquito doce, me separé del papá hace casi diez años. Nos casamos muy jóvenes y enamorados, contra viento y marea. Fuimos felices y compañeros pero en un momento que no puedo precisar, empezamos a distanciarnos y después de un viaje a Sudáfrica que él quiso hacer solo, nos separamos.
Yo no sirvo para estar sola, no sé si es por que soy de libra, un signo marcado por el amor, o por que soy así.
Para mi la vida es de a dos, si estoy sola siento que me falta algo.
Cuando me separé pensaba que no me iba a volver a enamorar y mucho menos convivir con otro hombre, por suerte me equivoqué.
Empecé a salir con un compañero de trabajo, también separado, un poco mas joven que yo y con una hija. Vivíamos cada uno en su casa y nos juntábamos los fines de semana. Pasamos un verano en la playa. Y después de un tiempo, nos separamos por que él quería tener más hijos y yo no.
Me costó dejarlo pero como tarde o temprano sucedería; en un acto de generosidad, lo liberé.
Después me sentí bien por que pienso que si realmente querés a alguien, querés lo mejor para él.
Anduve medio perdida hasta que en un curso de meditación conocí a Ric; soltero, sin hijos, vivía con la madre.
Eramos muy distintos pero compartíamos ese costado espiritual que a mi me encanta. Hicimos juntos el arte de respirar y hasta llevamos a mi hijo menor.
Un día me propuso venir a vivir con nosotros y me pareció que podía funcionar.
Fue un desastre.
La madre no lo podía digerir, llamaba todos los días. Si el compraba un televisor para mi casa, tenía que comprarle uno igual para ella.
Intenté ser comprensiva y amable pero al final me di cuenta de que no valía la pena; en su vida la que estaba de más era yo.
El volvió a su casa y seguimos viéndonos un tiempo más, teníamos una conexión increíble que se evaporó lentamente.
Esa relación me hizo mal, me sacó de mi eje, competía con la madre, una señora mayor, era imposible salir bien parada de ahí. Tuve hacer terapia para reponerme.
Hace un par de años conocí a Manuel, es cinco años mayor que yo y tiene dos hijas de la misma edad que los míos.
Tenemos una relación madura pero apasionada, él es muy masculino, un poco mandón. Me gusta, me siento segura.
Decidimos vivir juntos pero antes hicimos algunos cambios en mi departamento. El plan era hacer un vestidor en nuestro cuarto y ampliar las habitaciones de los chicos; después hubo que pintar, fueron seis meses de obra que casi me enloquecen pero valió la pena.
Estamos felices todos con los cambios.
El fue trayendo sus cosas de a poco y las acomodó sin preguntarme, no me molestó ni le presté demasiada atención.
Ayer descubrí debajo de la cama una caja que no había visto, tenía varios videos de los antiguos, vhs. Algo me hizo sospechar aunque jamás imaginé lo que después vi.
En todos los videos estaba él, con diferentes mujeres teniendo sexo. Los vi uno por uno. Lo hizo con la secretaria, la cuñada, la empleada doméstica y otras mujeres que no conozco
¡Qué hijo de puta!
Creo que las minas ni se dieron cuenta por que la cámara estaba quieta como apoyada sobre un estante.
Gracias a Dios no me vi en ninguna cinta.
Todavía no decidí si las voy a tirar todas juntas o de a poco. Las tengo que destruir para que nadie las vea nunca más.
No le pienso decir ni mu.
Ya le pedí prestada la cámara y hoy mismo la vendo.
Conmigo, este hobby se acabó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario