Pensadoras, artistas, médicas, cocineras, enfermeras, madres, amantes, amigas. Falibles, imperfectas, famosas o desconocidas, mujeres y punto.
domingo, 18 de mayo de 2014
Desvelada
Son las cuatro de la mañana y ya estoy despierta, segura de que no me vuelvo a dormir. Ni a palos lo intento; si lo logro, llego tarde a todo.
¡Qué sola me siento a esta hora! Si me levanto y me pongo a ordenar las alacenas de la cocina, despierto a la familia y paso a ser “el problema” de la casa, como la cadena del baño chico, me cansé de arreglar el flotante y siempre pierde.
Opté por in-utilizarlo. Cuándo me mude ya sé que con un baño me arreglo.
Desvelada a esta hora me siento vulnerable, al borde del delirio, paranoica; capaz de tomarme muy en serio cualquier tema menor.
Los ronquidos de mi marido que de noche me suenan como un suspiro, acompañan el temblor de las ventanas agitadas por el viento. Es la hora de la rima, los pensamientos profundos, reflexiones que al mediodía ni recuerdo. Por eso siempre tengo el cuaderno Gloria y la birome sobre la mesa de luz.
Como en Orlando de Virginia Woolf vivo asistiendo a lo cíclico de la vida, con su inercia y su ecosistema, resignada a mi propia humanidad que ya es mucho.
Disfruto y agradezco el tramo de la larga historia que atraviesa esta, mi endeble humanidad. Y mantengo los valores que aprendí y los que construí con mi libre albedrío.
Dudando siempre dudando.
Me crié entre médicos, maestros y artistas, religiosos, pensadores, con un grado de locura innegable, desde que la locura era causa de muerte.
Y lo mejor de la vida fue haberla vivido y lo mejor de la mía fue como lo hice y esa posibilidad de encontrarle finalmente un por qué, un sentido a todo.
La pasión, la entrega y la exuberancia, son como la estatura, se controla y varía con la edad pero es eso, que nos hace diferentes, únicos e individuales. en el fondo siempre soy yo misma, la de hoy y la del siglo pasado, una más.
Sobrevivo, circulo y me amparo en una cierta ideología que calma la inquietud, la impotencia y que encamina mi libertad, aunque prefiero llamarlo, libre albedrío porque para mi pensar es como respirar, inevitable pero tramposo, complicado y hasta en un momento banal y engañoso por que también somos un cuerpo físico y la mente es algo propiamente humano, el pensamiento y la palabra también.
Entonces atendiendo a lo físicamente humano que hay en mi, abandono este jardín y recupero la fe, durmiendo. Ojalá pudiera.
En algún punto la biología y la cuota de azar inexplicable que tantas veces quise torcer, tiene un ritmo propio y un instinto de conservación más profundo que el humano, me conecta con la vida de una manera naturalmente perfecta y resistente.
El tiempo anda infinitamente como los números que se usan para medirlo.
Descreía de la belleza hasta que la descubrí; un día libre de tóxicos de cualquier tipo
-momento muy difícil de alcanzar si te lo tomas en serio-, con la única rigurosidad posible, como parte del bioma. Ni mejor, ni peor. Simplemente humana.
Sucede con la escritura, lo mismo que con agua cuándo nado, fluyo y preferiría seguir fluyendo continuadamente. Siempre desestimé este gusto pueril, mas que pueril, pre vital profundamente ascético y opiáceo - Opium usaban los hipis cuando tenia 14 y no entendía nada-.
Salgo del agua medio mareada y con la mente en blanco hasta que soy parte del aire y piso la tierra. Se mueve la sangre, los pulmones, el corazón, pero no la mente.
La mente transita como los pies al caminar y como cantaba uno que le gustaba a mi mamá, se hace camino al andar.
¿Se puede elegir quién ser? No.
Solo después de herrar en cualquier punto pude trazar caminos por convicción y luego por compromiso con los seres como yo, humanos. Partiendo y llegando siempre al ombligo de mi mundo.
Por eso atesoro las maravillas de la vida, mi fortuna. Qué no es grande, no tiene tamaño ni ocupa espacio y yo sé que existe mucho más allá de lo que puedo siquiera mirar. Como el cielo, más pesado que el aire pero en un punto inapresable.
Solo metafóricamente justificada por la biología y organizada por las palabras – esa gran herramienta humana-, y luego todos sus inventos para entenderse, explicarse o simplemente circular.
Hoy descubrí una maravilla nueva que la vida me ofrece; la transite siempre que pude pero hoy le puse nombre, le di entidad de existencia, la disfruté la saboreé como un tesoro comestible. Sin proponérmelo, me adueñé y solté un momento.
Se hace de día y logré escribir un poco. Me concentré en una idea o agrupé varias en un relato de esos que me gustan, con color propio, sonidos, ciudades y personas o apenas un boceto que abandono pero no olvido.
Las palabras son mi gran pastel de bodas. Y nunca alcanzaré la perfección. Por eso corrijo y leo.
Aveces obsesiva y compulsivamente si es fácil o liviano y muy lentamente cuando lo saboreo y pierde su existencia material.
Y hablando de materia, llegó la hora de levantarse y desayunar.
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