viernes, 16 de mayo de 2014

Sangre no es agua


Soy Adriana, mañana cumplo 40, dicen que la que viene, es la mejor década en la vida de una dama. ¿Será cierto?
Tengo dos hermanas, la menor me lleva diez años. Se podría decir que la nuestra, es una familia de mujeres.
A mi papá casi no lo recuerdo. Falleció cuándo cuando yo era muy chica y mi madre quedó bastante triste, nunca se volvió a enamorar, no estaba en sus planes quedarse sola y su vida fué perdiendo la humedad que es el signo del deseo.
La quise mucho, la odié bastante y la volví a querer de una manera mágica. Me preocupaba mi enojo con ella, nunca es bueno sostener un sentimiento así y menos con la madre.
Una amiga me sugirió “el como si”, hacer como si la quisiera y decírselo aunque no lo sienta; en muy poco tiempo la volví a querer y me saqué un gran peso de encima.
Yo creo que las mujeres tenemos un poder especial, una conexión física con la vida que nos hace creativas. En la antigüedad, griegos, romanos y egipcios reconocían a las mujeres como sanadoras. Esclavas o libres, se ocupaban de curar a los enfermos; representaban el amor, la salud y el nacimiento. Existen registros de los remedios naturales que usaban para combatir el dolor y sus teorías sobre el funcionamiento del cuerpo humano, fueron transmitidas desde la Mesopotamia, a través de las rutas comerciales, a los fenicios, egipcios y griegos.
Después empezaron a considerarnos inferiores, se creó la carrera de medicina solo para hombres, la civilización avanzó y el lugar de la mujer fue para atrás, pasaron a ser brujas curanderas y las mataban en la hoguera.
Por eso siempre tengo un trato especial con las mujeres, les doy más de una oportunidad.
Volviendo a mi madre, está internada hace unos meses, desde que le diagnosticaron alzheimer.
Se había puesto muy agresiva y por momentos no reconocía a nadie, mis hermanas no querían saber nada con ella, no la soportan, yo la tuve un tiempo en casa y me agoté.
Desde chica tuve la ilusión de cuidarla en su vejez, pensaba que sería el mejor de los finales para nuestra vida, pero las cosas no siempre suceden como una las planea, suceden como suceden y punto.
El secreto es acomodarse, por eso voy día por medio al geriátrico y le doy todo el amor puedo, ella no sabe quien soy, nunca volvió a reconocerme y cuando me pregunta, solo le digo que soy Adriana, nada más.
A veces me maltrata un poco, tiene un mal humor importante pero está viejita, no va a durar mucho este calvario.
Ayer me di cuenta de que hay algo más que me lleva al geriátrico; Guillermo, el médico. Tiene todo lo que me gusta en un hombre; es grande, debe pesar casi cien kilos, estoy segura de que fue deportista. Usa el delantal abierto y siempre lleva puestos los anteojos de leer.
Me gustaría invitarlo a salir pero no animé, todavía no averigüé si es casado y un “no” es rotundo, no tiene vuelta atrás.
Tampoco voy a usar la excusa de una consulta profesional, empezar por una enfermedad no me da y seducirlo así nomas es riesgoso; primero quiero saber si está solo. No tengo ganas de sufrir.


Soy de esas mujeres que se toman las relaciones en serio, lo del tuch and go nunca me gustó por eso pienso siempre dos veces por lo menos, cada paso que doy, sobre todo si se trata de sentimientos, relaciones, hombres.

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