miércoles, 21 de mayo de 2014

Mujeres


Hoy me llegó por mail una revista digital para mujeres, con un tema novedoso: “hombres de goma” para damas solitarias; en tamaño real, súper guapos, silenciosos y con la mirada perdida en algun sitio. No aclaraba si tenían, además un órgano sexual o solo se ofrecen como elemento decorativo, busqué en la revista algo más pero solo es igual a todas las conozco: diez consejos para no perder a tu pareja, los cinco secretos de un cuerpo perfecto, fotos de modelos, test carentes por completo de rigurosidad, recetas, dietas y algun apartado para la mujer que trabaja.
Invariablemente la literatura mediática de género ronda siempre los mismo temas. Me aburren. Nunca encuentro algo que pueda interesarme de verdad y me pregunto ¿somos así o quieren que seamos asi? Que compremos tal o cual prenda, que solo nos interese nuestro cutis y esa manía por agradar a cualquier precio.
Lograste que ese tipo que te gusta se fije en vos, salen y comienzan una relacion a fuerza de seguir los consejos, no muy celosa, ni posesiva pero tampoco desinteresada ¿ Y despues que?
Ojalá que te siga gustando, que tengan cosas en común por que nadie te dice como deshacerte de él.
Si dejáramos de lado las modas del color, del modelo, del zapato, del maquillaje, eso que nos cubre para ocultar lo que somos...
¡Que peligro! 

Soy una mujer esencialmente rebelde, sin planearlo, nací así. El tema es que no encajo en lo previsto y generalmente aceptado.
Practico la la reflexión unida a la sensibilidad y la intuición. 
Cualidades "femeninas"casi atrofiadas en el mundo de las divinidades del presente, donde no tiene lugar contradecir los dogma, ser distinta.
Las mujeres casi no figuramos en la historia del mundo a pesar de haber tenido un importantísimo protagonismo. 
Distintas todas, individuales por nuestra condición de ser personas, distintas a ellos que nos complementan y que juntos somos capaces del único milagro humano, la vida.

Mientras tanto

Soy Adriana y estoy esperando a mi marido que salió a cenar con una clienta del banco dónde trabaja hace años. 
El viernes pasado cuando nos encontramos como siempre al final del día, me contó que había atendido a una mujer que necesitaba saldar varios créditos de distintos valores, parece que el trámite era largo y complicado pero lo llamativo fue que la señora lloraba sin parar. 
El no se atrevió a preguntarle nada, trataba de no mirarla pero sentía que todos lo miraban a él como si fuera responsable y aunque ni la conocía se sintió culpable, de nada por que además, estaban resolviendo un problema. 
 En un momento se le ocurrió que tal vez lloraba de alegría o alivio y la miró; no, claramente sufría. Podría ser por la muerte de algún ser querido que le dejó el dinero para pagar las deudas o una indemnización laboral. Cualquier cosa podía ser. 
La situación se ponía más incómoda y la gente se acumulaba form ando una fila que llegaba hasta la puerta. El sudaba como si estuviera en un sauna, tenía la camisa completamente mojada. Cuándo estaban ya terminando, parece que la tipa le miró las manos, no está usando la alianza por que le queda chica, y le preguntó: 
- Usted es casado? 
- Si, hace más de veinte años, contestó si sacar los ojos de la computadora. 
- Disculpe, como es tan amable pensé en invitarlo a cenar, le dijo y siguió llorando con más ganas. 
- Espere, no se ponga así, le contestó. Mi mujer es muy comprensiva y abierta, yo le puedo explicar y si usted quiere vamos a cenar. Déjeme su teléfono. 
- Le agradezco tanto, estoy muy sola, necesito conversar con un hombre, sin compromiso, solo conversar, no me malinterprete, llámeme por favor. 
Lo conozco y sé por que lo hizo, pensó que así terminaba de una vez con la llorona y como por arte de magia la tipa se iba y asunto olvidado. 
Cuándo me lo contó, sentí pena por ella y creo que hasta me vi reflejada en esos momentos que una tiene; lloras y no sabe porqué, si es que te esta por venir o la humedad, el cansancio, la leche derramada. 
Antes de que me preguntara y sin pensar le dije, - Llama pobre mina, vayan a cenar.¿Que puede pasar? 
Me miró desorientado y ahí entendí que era un delirio. 
No sé si fue para demostrarle cuán amplia y solidaria podía ser, la cosa es que insistí y no paré hasta que lo logré. 
Ahora estoy acá, pensando cualquier cosa. No dudo de su amor por mi, ni creo que vaya a serme infiel. 
Pienso en la fidelidad y la misma cena me parece un engaño. Sentados uno frente al otro. ¿ Cuán grande puede ser la mesa? Imposible no mirarse. Entre dos personas comiendo, hay momentos de silencio y de tensión.
El siempre se estira, no le gusta estar sentado y le va a tocar las piernas por debajo de ña mesa. 
¡No! ¿Como pude ser tan estúpida? ¿Qué me quiero demostrar? ¿Y si no vuelve? ¿Y si vuelve mañana y me dice que lo nuestro se acabó, que le gustó y que quiere probar con ella? 
Me estoy volviendo loca. Nunca más me presto a una cosa así. Pero obvio, solo a mi se puede ocurrir. Soy una tarada. 
Creo que voy a dejar de esperalo y me voy a bañar por cuarta vez.

Shirley Bassey - Love Story

domingo, 18 de mayo de 2014

Desvelada

Son las cuatro de la mañana y ya estoy despierta, segura de que no me vuelvo a dormir. Ni a palos lo intento; si lo logro, llego tarde a todo. ¡Qué sola me siento a esta hora! Si me levanto y me pongo a ordenar las alacenas de la cocina, despierto a la familia y paso a ser “el problema” de la casa, como la cadena del baño chico, me cansé de arreglar el flotante y siempre pierde. Opté por in-utilizarlo. Cuándo me mude ya sé que con un baño me arreglo. Desvelada a esta hora me siento vulnerable, al borde del delirio, paranoica; capaz de tomarme muy en serio cualquier tema menor. Los ronquidos de mi marido que de noche me suenan como un suspiro, acompañan el temblor de las ventanas agitadas por el viento. Es la hora de la rima, los pensamientos profundos, reflexiones que al mediodía ni recuerdo. Por eso siempre tengo el cuaderno Gloria y la birome sobre la mesa de luz. Como en Orlando de Virginia Woolf vivo asistiendo a lo cíclico de la vida, con su inercia y su ecosistema, resignada a mi propia humanidad que ya es mucho. Disfruto y agradezco el tramo de la larga historia que atraviesa esta, mi endeble humanidad. Y mantengo los valores que aprendí y los que construí con mi libre albedrío. Dudando siempre dudando. Me crié entre médicos, maestros y artistas, religiosos, pensadores, con un grado de locura innegable, desde que la locura era causa de muerte. Y lo mejor de la vida fue haberla vivido y lo mejor de la mía fue como lo hice y esa posibilidad de encontrarle finalmente un por qué, un sentido a todo. La pasión, la entrega y la exuberancia, son como la estatura, se controla y varía con la edad pero es eso, que nos hace diferentes, únicos e individuales. en el fondo siempre soy yo misma, la de hoy y la del siglo pasado, una más. Sobrevivo, circulo y me amparo en una cierta ideología que calma la inquietud, la impotencia y que encamina mi libertad, aunque prefiero llamarlo, libre albedrío porque para mi pensar es como respirar, inevitable pero tramposo, complicado y hasta en un momento banal y engañoso por que también somos un cuerpo físico y la mente es algo propiamente humano, el pensamiento y la palabra también. Entonces atendiendo a lo físicamente humano que hay en mi, abandono este jardín y recupero la fe, durmiendo. Ojalá pudiera. En algún punto la biología y la cuota de azar inexplicable que tantas veces quise torcer, tiene un ritmo propio y un instinto de conservación más profundo que el humano, me conecta con la vida de una manera naturalmente perfecta y resistente. El tiempo anda infinitamente como los números que se usan para medirlo. Descreía de la belleza hasta que la descubrí; un día libre de tóxicos de cualquier tipo -momento muy difícil de alcanzar si te lo tomas en serio-, con la única rigurosidad posible, como parte del bioma. Ni mejor, ni peor. Simplemente humana. Sucede con la escritura, lo mismo que con agua cuándo nado, fluyo y preferiría seguir fluyendo continuadamente. Siempre desestimé este gusto pueril, mas que pueril, pre vital profundamente ascético y opiáceo - Opium usaban los hipis cuando tenia 14 y no entendía nada-. Salgo del agua medio mareada y con la mente en blanco hasta que soy parte del aire y piso la tierra. Se mueve la sangre, los pulmones, el corazón, pero no la mente. La mente transita como los pies al caminar y como cantaba uno que le gustaba a mi mamá, se hace camino al andar. ¿Se puede elegir quién ser? No. Solo después de herrar en cualquier punto pude trazar caminos por convicción y luego por compromiso con los seres como yo, humanos. Partiendo y llegando siempre al ombligo de mi mundo. Por eso atesoro las maravillas de la vida, mi fortuna. Qué no es grande, no tiene tamaño ni ocupa espacio y yo sé que existe mucho más allá de lo que puedo siquiera mirar. Como el cielo, más pesado que el aire pero en un punto inapresable. Solo metafóricamente justificada por la biología y organizada por las palabras – esa gran herramienta humana-, y luego todos sus inventos para entenderse, explicarse o simplemente circular. Hoy descubrí una maravilla nueva que la vida me ofrece; la transite siempre que pude pero hoy le puse nombre, le di entidad de existencia, la disfruté la saboreé como un tesoro comestible. Sin proponérmelo, me adueñé y solté un momento. Se hace de día y logré escribir un poco. Me concentré en una idea o agrupé varias en un relato de esos que me gustan, con color propio, sonidos, ciudades y personas o apenas un boceto que abandono pero no olvido. Las palabras son mi gran pastel de bodas. Y nunca alcanzaré la perfección. Por eso corrijo y leo. Aveces obsesiva y compulsivamente si es fácil o liviano y muy lentamente cuando lo saboreo y pierde su existencia material. Y hablando de materia, llegó la hora de levantarse y desayunar.

viernes, 16 de mayo de 2014

Sangre no es agua


Soy Adriana, mañana cumplo 40, dicen que la que viene, es la mejor década en la vida de una dama. ¿Será cierto?
Tengo dos hermanas, la menor me lleva diez años. Se podría decir que la nuestra, es una familia de mujeres.
A mi papá casi no lo recuerdo. Falleció cuándo cuando yo era muy chica y mi madre quedó bastante triste, nunca se volvió a enamorar, no estaba en sus planes quedarse sola y su vida fué perdiendo la humedad que es el signo del deseo.
La quise mucho, la odié bastante y la volví a querer de una manera mágica. Me preocupaba mi enojo con ella, nunca es bueno sostener un sentimiento así y menos con la madre.
Una amiga me sugirió “el como si”, hacer como si la quisiera y decírselo aunque no lo sienta; en muy poco tiempo la volví a querer y me saqué un gran peso de encima.
Yo creo que las mujeres tenemos un poder especial, una conexión física con la vida que nos hace creativas. En la antigüedad, griegos, romanos y egipcios reconocían a las mujeres como sanadoras. Esclavas o libres, se ocupaban de curar a los enfermos; representaban el amor, la salud y el nacimiento. Existen registros de los remedios naturales que usaban para combatir el dolor y sus teorías sobre el funcionamiento del cuerpo humano, fueron transmitidas desde la Mesopotamia, a través de las rutas comerciales, a los fenicios, egipcios y griegos.
Después empezaron a considerarnos inferiores, se creó la carrera de medicina solo para hombres, la civilización avanzó y el lugar de la mujer fue para atrás, pasaron a ser brujas curanderas y las mataban en la hoguera.
Por eso siempre tengo un trato especial con las mujeres, les doy más de una oportunidad.
Volviendo a mi madre, está internada hace unos meses, desde que le diagnosticaron alzheimer.
Se había puesto muy agresiva y por momentos no reconocía a nadie, mis hermanas no querían saber nada con ella, no la soportan, yo la tuve un tiempo en casa y me agoté.
Desde chica tuve la ilusión de cuidarla en su vejez, pensaba que sería el mejor de los finales para nuestra vida, pero las cosas no siempre suceden como una las planea, suceden como suceden y punto.
El secreto es acomodarse, por eso voy día por medio al geriátrico y le doy todo el amor puedo, ella no sabe quien soy, nunca volvió a reconocerme y cuando me pregunta, solo le digo que soy Adriana, nada más.
A veces me maltrata un poco, tiene un mal humor importante pero está viejita, no va a durar mucho este calvario.
Ayer me di cuenta de que hay algo más que me lleva al geriátrico; Guillermo, el médico. Tiene todo lo que me gusta en un hombre; es grande, debe pesar casi cien kilos, estoy segura de que fue deportista. Usa el delantal abierto y siempre lleva puestos los anteojos de leer.
Me gustaría invitarlo a salir pero no animé, todavía no averigüé si es casado y un “no” es rotundo, no tiene vuelta atrás.
Tampoco voy a usar la excusa de una consulta profesional, empezar por una enfermedad no me da y seducirlo así nomas es riesgoso; primero quiero saber si está solo. No tengo ganas de sufrir.


Soy de esas mujeres que se toman las relaciones en serio, lo del tuch and go nunca me gustó por eso pienso siempre dos veces por lo menos, cada paso que doy, sobre todo si se trata de sentimientos, relaciones, hombres.

domingo, 27 de abril de 2014

Una por año

Hoy me levanté temprano, tuve tiempo de salir a caminar y hacer el desayuno para todos. Me gusta saber que en casa prefieren que cocine yo y festejen cuándo hago tostadas. 
La tostadora eléctrica que cambié por los puntos de la tarjeta me salvó la vida, siempre se quemaban, sobre la hornalla o al horno, llegué a usar un paquete entero de pan lactal en una merienda.
Los años no solo cambiaron mi cuerpo sino también algunas de mis costumbres. Últimamente me despierto a la hora que antes me acostaba, son horas felices; después de que salió ese lucero del alba y empieza a clarear, el aire es fresco. 
La ausencia de la gente y sus sonidos me sienta bien.
Años que parecen siglos atrás la madrugada era fin de la noche y su fauna, era el momento de acostarse a dormir sin miedo.
Llegué media hora antes a la oficina y como si fuera mi jefe me acomodé en el escritorio y desayuné leyendo el diario. Estaba inquieta y había una razón, tenía turno para una mamografía y lo olvidé. Estaba programada para las 13:30, la hora muerta del almuerzo; no tenía ganas de ir pero sabía que si faltaba, entre lo que tardo en pedir un turno y el tiempo que se toman en dármelo, puede pasar tranquilamente un año más.
Por primera vez en mucho tiempo a la una salí a almorzar.
En el lugar no había nadie pero tardaron en atenderme porque tenía un sobre turno.
¿ Y qué tiene que ver? Le pregunté molesta a la secretaria.
- Ahí tiene un libro de quejas, me contestó sin levantar la vista de la computadora. Estará jugando al candy crush, pensé o mejor al solitario en esa máquina vieja y amarillenta.
- Ok, gracias y me senté a leer los folletos de la obra social.
Ya me estaba acalambrando cuando me llamaron.
Sáquese la camisa, el corpiño y si tiene cadenas o aros también, me dijo el tipo que ni siquiera me miró. Tenía puesto un vestido y me quedé parada mirándolo.
- En la silla tiene un ...pongaseló.


Lo que había era una especie de delantal azul, todo descocido. Quedé prácticamente en bolas y botas.
Por como me miró, supe que se enfureció; pero era cierto y ya era hora de volver a la oficina, estaba más que inquieta.AyQuedese afuera por las dudas¿Que pasó?

Al tipo le sonó el celular y se puso hablar ¡del partido de ayer!
Me sentí “una pobrecita”.
Tengo frio, le dije casi en voz baja
Después me explicó como tenía que acomodar el brazo y agarró mi lola derecha, la estiró y me la prensó hasta que me dolió.
- Como estamos hoy, eh. No respires, mirá que sino la tengo que repetir.
No sé porqué pasó a tutearme, tal vez por que me vio desnuda y eso le dio confianza. Por las dudas no le dije nada. Estaba claro que él tenía “la sartén por el mango”.
Salió de su cabina caminando lento como si supiera que yo estaba apurada y quisiera provocarme.
Yo muda.
Repitió la tortura con mi otra querida lola y cuándo por fin terminó, me dijo
- ¿Por las dudas qué?
Ni me contestó.
Por las dudas qué, repetí, claramente enojada; pero le sonó el celular otra vez. Lo está haciendo a propósito pensé. 
Tenía ganas de llorar pero me senté y esperé.
Pasaron diez minutos y me volvió a llamar
- Le dije que no respire, salió mal, hay que repetir
- Sabes qué, me voy. Apretate el pito vos.
Estoy convencida, el tipo que hace la mamografía odia a las mujeres




miércoles, 23 de abril de 2014

Más de un camino

La semana que viene cumplo 52.
Hace rato que hubiera detenido el calendario para no cumplir ni un solo año más y podría haberlo hecho, pero arrugué.
Tengo un amigo que trabaja en el Registro Nacional de las Personas y siempre me ofrece cambiar la fecha de mi nacimiento. El sostiene que mi madre estaba ansiosa y me anotó antes de parir, yo lo tomo como una broma. Si fuera por eso, mi edad variaría en días o meses y no es el caso.
Sigo siendo del 62, pero ya no soy la misma. Es más, a los años que viví entre los cuarenta y los cincuenta, les puse “ década de las declinaciones”; no por que se hayan caído partes de mi cuerpo, eso lo mantengo casi en el mismos lugar, el secreto es no marear a la balanza, si hay que engordar que sea lo menos posible.
Declinaron las certezas.
Para empezar me separé del padre de mis hijos con quien planeaba morir abrazada al estilo Filemon y Bausis.
Primero le metí los cuernos, así arrancó la cosa; cuando a él se le ocurrió confesar un amorío y lo único que pude hacer fue pagarle con la misma moneda. Solo por venganza me acosté con el primero que me dijo que sí.
Siempre sostuve que para mi la fidelidad era irrelevante, no era infiel pero tampoco celosa.
En ese momento descubrí que el tamaño es importante, que no da lo mismo.
Una sola vez me molestó; lo escuché haciendo chistes con sus amigos decía que como era muy alto ( mide casi dos metros), la sangre no irrigaba bien. Me ofendí muchísimo. ¿Como iba bromear con una cosa así?
Ante todo: si hay miseria que no se note.
Pero no me importó, seguí con él. Enamorada de mi gran hombre y su pequeño pene.
Tuvimos una buena vida, una empresa familiar casi perfecta pero su infidelidad confesa no estaba prevista, lejos estuve de perdonar, entender o superarla. Atrás quedó mi esencia monogámica y progresista.
No podía con mi bronca y me divorcié. Por suerte; me debía otras experiencias y en medio de un huracán, dónde ya no sabía quien era, descubrí que lo del tamaño tenía su costado práctico, por llamarlo de alguna manera.
No volvería a convivir y ahí está otro de mis ángeles caídos: yo pensaba que la lógica de una pareja enamorada era “el nidito de amor”.

Puede no serlo, no lo es para mi, por ahora.
También en eso cambié, ya no me siento segura estando segura de nada, ahora prefiero dudar o más bien estar segura de que hay más de un camino.
Es lo que me gusta de seguir cumpliendo años, aprender, cambiar. Y en movimiento, si quiero, elegir otro rumbo. Torcer el destino.


Por eso, ya mismo me pongo a organizar mi fiesta de cumpleaños.

lunes, 7 de abril de 2014

¿Y después qué?



Hoy se murió Laura, fuimos amigas por cuarenta años.
Jamás nos peleamos, podíamos tener distintos puntos de vista o discutir pero nada debilitaba nuestra entrañable relación. Nos conocimos en 1° grado; su padre era médico como el mío pero radical y antiperonista.
Ella tenía una hermana y un hermano, los dos más grandes, fumaban, hacían fiestas, iban a recitales y nos enseñaban todo lo que podían. En su casa había una cocinera que preparaba platos que yo disfrutaba muchísimo, aunque nunca me atrevía a pedir más.
Un día, antes de terminar tercer grado su mamá se enfermó, estuvo en la cama mucho tiempo hasta que murió. Después supe que tenía cáncer, para Laura fue un golpe durísimo, creo que jamas lo superó y dejó de sonreír.
Al año siguiente los militares secuestraron a su tío que era abogado, la cocinera volvió a su provincia y creo que para salvar la situación, el padre se volvió a casar con una médica bastante más joven.
Los chicos no la querían pero ayudó, había quien firme los boletines y organice los cumpleaños. La vida siguió más o menos normalmente. Terminamos el colegio, fuimos a la universidad, empezamos a trabajar, tuvimos algún que otro novio. Ella siempre extrañaba mucho a su mamá y hasta planeaba como sería su encuentro en el más allá.
No tuvo hijos pero era una gran tía y fue la madrina de mi hija mayor.
Parece mentira pero el estado de ánimo puede influir mucho en la suerte de una persona, ella era muy depresiva y le iba bastante mal hasta que por fin consiguió un trabajo estable y algo mejor, un hombre. Con él viajó por latinoamérica, terminó su carrera de antropología, se compró una casa vieja en zona norte y se dedicó a las plantas, tenía flores de todo tipo.
Hace unos meses, tuvo un resfrío; yo me enojé por que no pudo venir al cumpleaños de mi hija menor. Después de unos estudios, nos enteramos que lo que tenia era un cáncer en el mediastino. Una parte del cuerpo que no se puede operar, está entre los pulmones.
En ese momento supe que había llegado su fin.
Ella por primera vez tuvo ganas de vivir, y se puso en campaña para tratar de curarse. Y yo la acompañé en todo sin mencionar nunca la posibilidad de que su tratamiento fracase.
Con ella aprendí que no hay nada más hermoso que acompañar a un ser amado en un momento así. Solo importa el amor que uno pueda dar en cualquier de sus formas.
Yo era la única que la dejaba fumar.
Recuerdo nuestro último paseo, fuimos al río y nos sacamos fotos. De vuelta pasamos por un cajero y me dio plata. Por primera vez también, ella ganaba más que yo.
No sé si fue rápido o en el tiempo justo, pero de última internación ya no salió.
Fueron cuatro días de morfina, chistes y masajes con limón para borrar los moretones, por fin se pudo relajar,
- Me tiré un lindo pedito, decía.
Anche dios se apiadó y le ahorró el trabajoso acto de respirar.
No sé si alguna vez la voy a dejar ir. Creo que la llevaré siempre conmigo.
Lo que me tiene preocupada es este tema de que los muertos nos ven, que viven una especie de omnipresencia y se enteran de todo lo que una les quiso ocultar en vida.
Y yo tenía un secreto milenario.
Cuándo ella cumplió 22, me fui de su casa con un ex novio que ya no le gustaba ni un poco pero era un buen amigo y sabía resolver todos los problemas de una casa. Era electricista, plomero, albañil y tenía auto.
Creo que él seguía enamorado y por eso estaba siempre ahí, al pie del cañón.
No sé exactamente cómo fue pero terminamos en un telo.
En eso soy distinta a todas mis amigas; si un tipo no me gusta, lo tiro al pozo común, no me molesta que salga con otra, mucho menos si se trata de una amiga.
Nunca se lo conté, ni siquiera lo dudé, estaba segura de que a ella le hubiera molestado. Peor traición era para mi, contárselo. Al tipo jamás lo volví a ver, realmente fue un error sin sentido pero eso no amaina el dolor que podría haber causado.
Ahora ya lo sabe o lo sabrá dentro de muy poco. Tal vez en su estado inmaterial, ya no le importe y solo me importe a mi.

miércoles, 2 de abril de 2014

Pasión por el cine

Soy Adriana y tengo dos hijos varones que ya están bastante grandecitos aunque yo los trato como a “mis bebes”. El mayor tiene diecinueve y el chiquito doce, me separé del papá hace casi diez años. Nos casamos muy jóvenes y enamorados, contra viento y marea. Fuimos felices y compañeros pero en un momento que no puedo precisar, empezamos a distanciarnos y después de un viaje a Sudáfrica que él quiso hacer solo, nos separamos. 
Yo no sirvo para estar sola, no sé si es por que soy de libra, un signo marcado por el amor, o por que soy así. Para mi la vida es de a dos, si estoy sola siento que me falta algo. Cuando me separé pensaba que no me iba a volver a enamorar y mucho menos convivir con otro hombre, por suerte me equivoqué. 
Empecé a salir con un compañero de trabajo, también separado, un poco mas joven que yo y con una hija. Vivíamos cada uno en su casa y nos juntábamos los fines de semana. Pasamos un verano en la playa. Y después de un tiempo, nos separamos por que él quería tener más hijos y yo no. 
Me costó dejarlo pero como tarde o temprano sucedería; en un acto de generosidad, lo liberé. Después me sentí bien por que pienso que si realmente querés a alguien, querés lo mejor para él. 
Anduve medio perdida hasta que en un curso de meditación conocí a Ric; soltero, sin hijos, vivía con la madre. Eramos muy distintos pero compartíamos ese costado espiritual que a mi me encanta. Hicimos juntos el arte de respirar y hasta llevamos a mi hijo menor. Un día me propuso venir a vivir con nosotros y me pareció que podía funcionar. 
Fue un desastre. 
La madre no lo podía digerir, llamaba todos los días. Si el compraba un televisor para mi casa, tenía que comprarle uno igual para ella. Intenté ser comprensiva y amable pero al final me di cuenta de que no valía la pena; en su vida la que estaba de más era yo. 
El volvió a su casa y seguimos viéndonos un tiempo más, teníamos una conexión increíble que se evaporó lentamente. 
Esa relación me hizo mal, me sacó de mi eje, competía con la madre, una señora mayor, era imposible salir bien parada de ahí. Tuve hacer terapia para reponerme. 
Hace un par de años conocí a Manuel, es cinco años mayor que yo y tiene dos hijas de la misma edad que los míos. Tenemos una relación madura pero apasionada, él es muy masculino, un poco mandón. Me gusta, me siento segura. 
Decidimos vivir juntos pero antes hicimos algunos cambios en mi departamento. El plan era hacer un vestidor en nuestro cuarto y ampliar las habitaciones de los chicos; después hubo que pintar, fueron seis meses de obra que casi me enloquecen pero valió la pena. 
Estamos felices todos con los cambios. El fue trayendo sus cosas de a poco y las acomodó sin preguntarme, no me molestó ni le presté demasiada atención. 
Ayer descubrí debajo de la cama una caja que no había visto, tenía varios videos de los antiguos, vhs. Algo me hizo sospechar aunque jamás imaginé lo que después vi. 
En todos los videos estaba él, con diferentes mujeres teniendo sexo. Los vi uno por uno. Lo hizo con la secretaria, la cuñada, la empleada doméstica y otras mujeres que no conozco 
¡Qué hijo de puta! 
 Creo que las minas ni se dieron cuenta por que la cámara estaba quieta como apoyada sobre un estante. 
Gracias a Dios no me vi en ninguna cinta. 
Todavía no decidí si las voy a tirar todas juntas o de a poco. Las tengo que destruir para que nadie las vea nunca más.
No le pienso decir ni mu. 
Ya le pedí prestada la cámara y hoy mismo la vendo. Conmigo, este hobby se acabó.