domingo, 27 de abril de 2014

Una por año

Hoy me levanté temprano, tuve tiempo de salir a caminar y hacer el desayuno para todos. Me gusta saber que en casa prefieren que cocine yo y festejen cuándo hago tostadas. 
La tostadora eléctrica que cambié por los puntos de la tarjeta me salvó la vida, siempre se quemaban, sobre la hornalla o al horno, llegué a usar un paquete entero de pan lactal en una merienda.
Los años no solo cambiaron mi cuerpo sino también algunas de mis costumbres. Últimamente me despierto a la hora que antes me acostaba, son horas felices; después de que salió ese lucero del alba y empieza a clarear, el aire es fresco. 
La ausencia de la gente y sus sonidos me sienta bien.
Años que parecen siglos atrás la madrugada era fin de la noche y su fauna, era el momento de acostarse a dormir sin miedo.
Llegué media hora antes a la oficina y como si fuera mi jefe me acomodé en el escritorio y desayuné leyendo el diario. Estaba inquieta y había una razón, tenía turno para una mamografía y lo olvidé. Estaba programada para las 13:30, la hora muerta del almuerzo; no tenía ganas de ir pero sabía que si faltaba, entre lo que tardo en pedir un turno y el tiempo que se toman en dármelo, puede pasar tranquilamente un año más.
Por primera vez en mucho tiempo a la una salí a almorzar.
En el lugar no había nadie pero tardaron en atenderme porque tenía un sobre turno.
¿ Y qué tiene que ver? Le pregunté molesta a la secretaria.
- Ahí tiene un libro de quejas, me contestó sin levantar la vista de la computadora. Estará jugando al candy crush, pensé o mejor al solitario en esa máquina vieja y amarillenta.
- Ok, gracias y me senté a leer los folletos de la obra social.
Ya me estaba acalambrando cuando me llamaron.
Sáquese la camisa, el corpiño y si tiene cadenas o aros también, me dijo el tipo que ni siquiera me miró. Tenía puesto un vestido y me quedé parada mirándolo.
- En la silla tiene un ...pongaseló.


Lo que había era una especie de delantal azul, todo descocido. Quedé prácticamente en bolas y botas.
Por como me miró, supe que se enfureció; pero era cierto y ya era hora de volver a la oficina, estaba más que inquieta.AyQuedese afuera por las dudas¿Que pasó?

Al tipo le sonó el celular y se puso hablar ¡del partido de ayer!
Me sentí “una pobrecita”.
Tengo frio, le dije casi en voz baja
Después me explicó como tenía que acomodar el brazo y agarró mi lola derecha, la estiró y me la prensó hasta que me dolió.
- Como estamos hoy, eh. No respires, mirá que sino la tengo que repetir.
No sé porqué pasó a tutearme, tal vez por que me vio desnuda y eso le dio confianza. Por las dudas no le dije nada. Estaba claro que él tenía “la sartén por el mango”.
Salió de su cabina caminando lento como si supiera que yo estaba apurada y quisiera provocarme.
Yo muda.
Repitió la tortura con mi otra querida lola y cuándo por fin terminó, me dijo
- ¿Por las dudas qué?
Ni me contestó.
Por las dudas qué, repetí, claramente enojada; pero le sonó el celular otra vez. Lo está haciendo a propósito pensé. 
Tenía ganas de llorar pero me senté y esperé.
Pasaron diez minutos y me volvió a llamar
- Le dije que no respire, salió mal, hay que repetir
- Sabes qué, me voy. Apretate el pito vos.
Estoy convencida, el tipo que hace la mamografía odia a las mujeres




miércoles, 23 de abril de 2014

Más de un camino

La semana que viene cumplo 52.
Hace rato que hubiera detenido el calendario para no cumplir ni un solo año más y podría haberlo hecho, pero arrugué.
Tengo un amigo que trabaja en el Registro Nacional de las Personas y siempre me ofrece cambiar la fecha de mi nacimiento. El sostiene que mi madre estaba ansiosa y me anotó antes de parir, yo lo tomo como una broma. Si fuera por eso, mi edad variaría en días o meses y no es el caso.
Sigo siendo del 62, pero ya no soy la misma. Es más, a los años que viví entre los cuarenta y los cincuenta, les puse “ década de las declinaciones”; no por que se hayan caído partes de mi cuerpo, eso lo mantengo casi en el mismos lugar, el secreto es no marear a la balanza, si hay que engordar que sea lo menos posible.
Declinaron las certezas.
Para empezar me separé del padre de mis hijos con quien planeaba morir abrazada al estilo Filemon y Bausis.
Primero le metí los cuernos, así arrancó la cosa; cuando a él se le ocurrió confesar un amorío y lo único que pude hacer fue pagarle con la misma moneda. Solo por venganza me acosté con el primero que me dijo que sí.
Siempre sostuve que para mi la fidelidad era irrelevante, no era infiel pero tampoco celosa.
En ese momento descubrí que el tamaño es importante, que no da lo mismo.
Una sola vez me molestó; lo escuché haciendo chistes con sus amigos decía que como era muy alto ( mide casi dos metros), la sangre no irrigaba bien. Me ofendí muchísimo. ¿Como iba bromear con una cosa así?
Ante todo: si hay miseria que no se note.
Pero no me importó, seguí con él. Enamorada de mi gran hombre y su pequeño pene.
Tuvimos una buena vida, una empresa familiar casi perfecta pero su infidelidad confesa no estaba prevista, lejos estuve de perdonar, entender o superarla. Atrás quedó mi esencia monogámica y progresista.
No podía con mi bronca y me divorcié. Por suerte; me debía otras experiencias y en medio de un huracán, dónde ya no sabía quien era, descubrí que lo del tamaño tenía su costado práctico, por llamarlo de alguna manera.
No volvería a convivir y ahí está otro de mis ángeles caídos: yo pensaba que la lógica de una pareja enamorada era “el nidito de amor”.

Puede no serlo, no lo es para mi, por ahora.
También en eso cambié, ya no me siento segura estando segura de nada, ahora prefiero dudar o más bien estar segura de que hay más de un camino.
Es lo que me gusta de seguir cumpliendo años, aprender, cambiar. Y en movimiento, si quiero, elegir otro rumbo. Torcer el destino.


Por eso, ya mismo me pongo a organizar mi fiesta de cumpleaños.

lunes, 7 de abril de 2014

¿Y después qué?



Hoy se murió Laura, fuimos amigas por cuarenta años.
Jamás nos peleamos, podíamos tener distintos puntos de vista o discutir pero nada debilitaba nuestra entrañable relación. Nos conocimos en 1° grado; su padre era médico como el mío pero radical y antiperonista.
Ella tenía una hermana y un hermano, los dos más grandes, fumaban, hacían fiestas, iban a recitales y nos enseñaban todo lo que podían. En su casa había una cocinera que preparaba platos que yo disfrutaba muchísimo, aunque nunca me atrevía a pedir más.
Un día, antes de terminar tercer grado su mamá se enfermó, estuvo en la cama mucho tiempo hasta que murió. Después supe que tenía cáncer, para Laura fue un golpe durísimo, creo que jamas lo superó y dejó de sonreír.
Al año siguiente los militares secuestraron a su tío que era abogado, la cocinera volvió a su provincia y creo que para salvar la situación, el padre se volvió a casar con una médica bastante más joven.
Los chicos no la querían pero ayudó, había quien firme los boletines y organice los cumpleaños. La vida siguió más o menos normalmente. Terminamos el colegio, fuimos a la universidad, empezamos a trabajar, tuvimos algún que otro novio. Ella siempre extrañaba mucho a su mamá y hasta planeaba como sería su encuentro en el más allá.
No tuvo hijos pero era una gran tía y fue la madrina de mi hija mayor.
Parece mentira pero el estado de ánimo puede influir mucho en la suerte de una persona, ella era muy depresiva y le iba bastante mal hasta que por fin consiguió un trabajo estable y algo mejor, un hombre. Con él viajó por latinoamérica, terminó su carrera de antropología, se compró una casa vieja en zona norte y se dedicó a las plantas, tenía flores de todo tipo.
Hace unos meses, tuvo un resfrío; yo me enojé por que no pudo venir al cumpleaños de mi hija menor. Después de unos estudios, nos enteramos que lo que tenia era un cáncer en el mediastino. Una parte del cuerpo que no se puede operar, está entre los pulmones.
En ese momento supe que había llegado su fin.
Ella por primera vez tuvo ganas de vivir, y se puso en campaña para tratar de curarse. Y yo la acompañé en todo sin mencionar nunca la posibilidad de que su tratamiento fracase.
Con ella aprendí que no hay nada más hermoso que acompañar a un ser amado en un momento así. Solo importa el amor que uno pueda dar en cualquier de sus formas.
Yo era la única que la dejaba fumar.
Recuerdo nuestro último paseo, fuimos al río y nos sacamos fotos. De vuelta pasamos por un cajero y me dio plata. Por primera vez también, ella ganaba más que yo.
No sé si fue rápido o en el tiempo justo, pero de última internación ya no salió.
Fueron cuatro días de morfina, chistes y masajes con limón para borrar los moretones, por fin se pudo relajar,
- Me tiré un lindo pedito, decía.
Anche dios se apiadó y le ahorró el trabajoso acto de respirar.
No sé si alguna vez la voy a dejar ir. Creo que la llevaré siempre conmigo.
Lo que me tiene preocupada es este tema de que los muertos nos ven, que viven una especie de omnipresencia y se enteran de todo lo que una les quiso ocultar en vida.
Y yo tenía un secreto milenario.
Cuándo ella cumplió 22, me fui de su casa con un ex novio que ya no le gustaba ni un poco pero era un buen amigo y sabía resolver todos los problemas de una casa. Era electricista, plomero, albañil y tenía auto.
Creo que él seguía enamorado y por eso estaba siempre ahí, al pie del cañón.
No sé exactamente cómo fue pero terminamos en un telo.
En eso soy distinta a todas mis amigas; si un tipo no me gusta, lo tiro al pozo común, no me molesta que salga con otra, mucho menos si se trata de una amiga.
Nunca se lo conté, ni siquiera lo dudé, estaba segura de que a ella le hubiera molestado. Peor traición era para mi, contárselo. Al tipo jamás lo volví a ver, realmente fue un error sin sentido pero eso no amaina el dolor que podría haber causado.
Ahora ya lo sabe o lo sabrá dentro de muy poco. Tal vez en su estado inmaterial, ya no le importe y solo me importe a mi.

miércoles, 2 de abril de 2014

Pasión por el cine

Soy Adriana y tengo dos hijos varones que ya están bastante grandecitos aunque yo los trato como a “mis bebes”. El mayor tiene diecinueve y el chiquito doce, me separé del papá hace casi diez años. Nos casamos muy jóvenes y enamorados, contra viento y marea. Fuimos felices y compañeros pero en un momento que no puedo precisar, empezamos a distanciarnos y después de un viaje a Sudáfrica que él quiso hacer solo, nos separamos. 
Yo no sirvo para estar sola, no sé si es por que soy de libra, un signo marcado por el amor, o por que soy así. Para mi la vida es de a dos, si estoy sola siento que me falta algo. Cuando me separé pensaba que no me iba a volver a enamorar y mucho menos convivir con otro hombre, por suerte me equivoqué. 
Empecé a salir con un compañero de trabajo, también separado, un poco mas joven que yo y con una hija. Vivíamos cada uno en su casa y nos juntábamos los fines de semana. Pasamos un verano en la playa. Y después de un tiempo, nos separamos por que él quería tener más hijos y yo no. 
Me costó dejarlo pero como tarde o temprano sucedería; en un acto de generosidad, lo liberé. Después me sentí bien por que pienso que si realmente querés a alguien, querés lo mejor para él. 
Anduve medio perdida hasta que en un curso de meditación conocí a Ric; soltero, sin hijos, vivía con la madre. Eramos muy distintos pero compartíamos ese costado espiritual que a mi me encanta. Hicimos juntos el arte de respirar y hasta llevamos a mi hijo menor. Un día me propuso venir a vivir con nosotros y me pareció que podía funcionar. 
Fue un desastre. 
La madre no lo podía digerir, llamaba todos los días. Si el compraba un televisor para mi casa, tenía que comprarle uno igual para ella. Intenté ser comprensiva y amable pero al final me di cuenta de que no valía la pena; en su vida la que estaba de más era yo. 
El volvió a su casa y seguimos viéndonos un tiempo más, teníamos una conexión increíble que se evaporó lentamente. 
Esa relación me hizo mal, me sacó de mi eje, competía con la madre, una señora mayor, era imposible salir bien parada de ahí. Tuve hacer terapia para reponerme. 
Hace un par de años conocí a Manuel, es cinco años mayor que yo y tiene dos hijas de la misma edad que los míos. Tenemos una relación madura pero apasionada, él es muy masculino, un poco mandón. Me gusta, me siento segura. 
Decidimos vivir juntos pero antes hicimos algunos cambios en mi departamento. El plan era hacer un vestidor en nuestro cuarto y ampliar las habitaciones de los chicos; después hubo que pintar, fueron seis meses de obra que casi me enloquecen pero valió la pena. 
Estamos felices todos con los cambios. El fue trayendo sus cosas de a poco y las acomodó sin preguntarme, no me molestó ni le presté demasiada atención. 
Ayer descubrí debajo de la cama una caja que no había visto, tenía varios videos de los antiguos, vhs. Algo me hizo sospechar aunque jamás imaginé lo que después vi. 
En todos los videos estaba él, con diferentes mujeres teniendo sexo. Los vi uno por uno. Lo hizo con la secretaria, la cuñada, la empleada doméstica y otras mujeres que no conozco 
¡Qué hijo de puta! 
 Creo que las minas ni se dieron cuenta por que la cámara estaba quieta como apoyada sobre un estante. 
Gracias a Dios no me vi en ninguna cinta. 
Todavía no decidí si las voy a tirar todas juntas o de a poco. Las tengo que destruir para que nadie las vea nunca más.
No le pienso decir ni mu. 
Ya le pedí prestada la cámara y hoy mismo la vendo. Conmigo, este hobby se acabó.

lunes, 24 de marzo de 2014

amistades

Soy Adriana, tengo 40 años y estoy totalmente en contra de las mujeres “amigas de los hombres casados” y que dicen llevarse mejor con los varones. Para mi tienen algún problema o son de esas roba novios, histéricas, desconformes y solteras.
Para empezar, los varones son amigos entre ellos y nosotras somos “el otro”; estamos para cosas que ellos no hacen.
Para ellos, ser mujer es tener un buen par de lolas, de lo contrario, te llaman “amigo”. Es impensable que un hombre no se pregunte si se acostaría con cualquier mujer que conozca, es lo primero que piensa.
La inteligencia, les importa muy poco, es más, les molesta; jamás aceptarían que una mujer es más inteligente que ellos, nunca. Ni compartirían un negocio . Ningún hombre pensaría en elegir a una mujer para cubra su puesto en el trabajo.
Son así, está en su naturaleza, tienen la necesidad de sentirse superiores.
Además una mujer que se pone del lado de los tipos en una reunión, simplemente es una traidora.
Lo sé porque lo viví en carne propia, con mi ex amiga Claudia.
Cometí el error de dejarla venir el sábado a la noche a casa; jugaba la selección y los amigos de mi marido se reunieron a ver el partido, justo era la hora de la cena y con la excusa de ayudarme a cocinar se invitó sola.
Llegó en el entretiempo, mientras yo sacaba las empanadas del horno, acalorada y con el delantal puesto, cuándo la vi, casi le cierro la puerta en la cara; minifalda y tacos.-
- ¿Qué haces vestida asi?¿ Estas en pedo?
- ¿Me queda mal?
- Son todos tipos, tarada.
- No seas agresiva que vine darte una mano, si querés bañate, ponete linda y yo sirvo las empanadas.
En ese momento preferí antes que nada, darme un baño y refrescarme. Error.
Terminé de cambiarme, puse un pié en el linving y le veo tirada en el sillón como uno más.
La muy turra me dice,
-  Adri, podes creer que se comieron todas, y no sé prender el horno.
- Poné más empanadas, que ya empieza el segundo tiempo, dijo uno de los idiotas.
-  Y de paso sacá un par de cervezas, acotó ella.
- La miré fijo, con los ojos abiertos para que se dé cuenta pero ni se hizo cargo.
Fui a la cocina y traté de calmarme porque sabía que cualquier cosa que dijera me sepultaba. Loca, celosa, ridícula, exagerada, malpensada, cortamabos. Respiré hondo y llevé las bebidas con una sonrisa tan falsa que provocó un tenso silencio.
- Dale gorda, traete unas más que te salieron buenísimas,
- Si! que bien cocinas, tenemos que venir más seguido
- Callensé ya empieza.

Volví a mi lugar en este tipo de reuniones. Nunca se me ocurrió sentarme con ellos a reirme de como insultan a los jugadores, ni a festejar los goles nuestros. Estaba claro que era una cosa de hombres.
Y yo pensaba, también en sus esposas, a ninguna le gustaría que una esté como Claudia con su minifalda haciéndose la no se qué.
No prendí el horno, ni me asomé.
Pasaron los cuarenta y cinco minutos más largos de mi vida.
Argentina perdió y estaban todos con cara de velorio.
Esa es otra cosa que nos diferencia, ellos pueden llegar a sufrir mucho cuando su equipo pierde, les arruina el día, la semana y la vida misma.
Pensaba en eso cuándo tuve la única idea lúcida de ese día:
- Claudia, sos mufa. Viniste y perdimos, le dije riéndome por dentro a carcajadas.

¿Celosa yo?

Soy Adriana y estoy más cerca de ser abuela que madre. La verdad es que me alegro; especialmente cuándo veo a esas pobres mujeres tironeadas por un niño que grita y se retuerce como si estuviera poseído.
Sin duda, los primeros años de los hijos suelen ser fatales.
Y la que diga que no. Está mintiendo.

Hace casi una década que vivo con mi segundo marido pero ya hice las valijas y estoy con un pie afuera.
Si tuviera veinte años saldría corriendo. No lo aguanto más.
Todo empezó, el año pasado cuándo me reencontré con un grupo de compañeros de colegio y pusimos un día en la semana para juntarnos a cenar. Al principio parecía que estaba todo bien. El tenía fútbol los martes y yo salía los jueves. Pero duró poco.
- Nosotros somos todos varones y ustedes no.
- ¿ Y que tiene que ver? Yo confío en lo que me decís y vos tendrías que hacer lo mismo.
- Bueno, pero no entiendo por qué no van con sus parejas.
- Por que no!
- Vos no me elegís.
- ¿A no? ¿Y con quien duermo?
-
Una noche me siguió, éramos todas mujeres por que jugaba la selección y los varones se quedaron mirando el partido.
 El no, él me esperó en la puerta del bar y cuándo salí, hizo un escándalo.
- Claro, cómo sabías que iba a venir, avisaste y no vino tu amante. Decime quién es.
Lo perdoné por que me prometió y juró que nunca más. Pasaron dos semanas y empezó con la cantinela.
Los hombres piensan que nosotras somos como ellos, capaces de tener dos o más mujeres al mismo tiempo.
¡No! Cuándo una está en pareja y conoce a otro, lo más probable es que intente definirse y eso es un error porque si una relación arranca de amantes, pierde toda gracia si de repente alguno de los dos se aparece con el cepillo de dientes diciendo:
- Mi amor, me separé.

No lo engañé ni tuve ganas de hacerlo.
Me molesta que sus celos no lo dejen pensar. Me revisa la cartera mientras estoy en la cocina. Me huele cuando llego a casa y encima trata de disimular y aunque lo niegue estoy segura que también lee mis chats.
Evidentemente, esto es un camino de ida sin retorno. Lo imagino sentado en la cama revolviendo una y otra vez el mismo cajón sin encontrar ni una sola evidencia de infidelidad pero sin poder parar.
- Quiero que nos tomemos un respiro, le dije hace unos días
- No, si te vas, nos separamos
- Pero necesitamos aire, contesté casi gritando.
- Abrí las ventanas y respirá.
Creo que lo mejor que puedo hacer por él, es librarlo de mi. Me da bronca perderlo así, sin razón.
Además estoy segura de que mucho antes que yo, el se va a volver a enamorar y va a recuperar el amor propio.
De todas formas, parto y le dejo mi celular por si quiere revisarlo una vez más y sobre todo para que no tenga a dónde llamarme.




viernes, 7 de marzo de 2014

Punto y Coma

Soy Adriana y mañana cumplo años, tantos que hoy dudé.
Salía de dar clase y antes de entrar al otro colegio llamé a casa y le pedía a una de mis hijas que compre la torta que me gusta y 46 velitas.-
- ¿Para qué mamá?
- Para mañana que es mi cumple
- Si ya sé pero cumplis 48
¿Como en serio? Hice la cuenta y tenía razón.
- ¿Me estas jodiendo ma?
- No tenes razón, mejor comprá una sola vela.
Me confundí la edad que tengo, le pifié por dos años y lo peor es que cada vez estoy mas cerca de los cincuenta y muy lejos de los veinte. Eso es lo que me afecta y el calor que siento en los momentos más inoportunos; parece que mi cara entra en combustión, empiezo a transpirar y aunque siempre me pareció asqueroso, me seco con un pañuelo de papel. Después el calor baja hasta el pecho pasa por la cintura, las piernas y no aguanto los zapatos.
Uso un abanico celeste que me regaló un gitano, el verano pasado,
- Tenga, pa cuando le del caló, me dijo.
El ginecólogo insiste con que soy muy joven para la menopausia, pero busque por internet y lo que soy, es un compendio de síntomas: duermo poco, me altero fácilmente, tengo ganas de llorar, aumenté dos talles de corpiño y aunque sea Julio me muero de calor.
Y esto sí que me agarró por sorpresa, no lo había pensado, no es un tema de conversación. Creo que a la mayoría de mis amigas les viene. A mi no.
Nunca fue un problema, excepto la primera vez; mi madre compró un ramo enorme de flores y le contó a toda la familia mientras cenábamos que yo ya era señorita.
Mis hermanos se reían.
- ¡Qué asco! Dijeron todos.
- Un asco era antes, contestó ella, en mi época no existían las toallitas ni los tampones, se usaba una tela y había que lavarla.
- Que asco.
Después de aquella fatídica noche que me gané por ser la mayor de cuatro hermanos varones, no volví a tocar el tema. No me dolía la panza ni la cabeza y me las arreglé bastante bien en el agua y otros sitios. No me interesó tampoco saber como y porque sucedía ni qué relación tenía con la maternidad.
Sucedía y ya.
Pero ahora fue distinto, tenía que rebatir la idea de mi médico y no me quedó otra que informarme.
De pronto, debía cambiar compulsivamente mi alimentación, dejar de fumar y tomar alcohol, hacer ejercicio físico día por medio, consultar a una psicóloga o acompañante terapéutica y lo peor de todo: recomendaban recurrir a un sex shop o directo a la farmacia y comprar un lubricante.
- Qué horror, pensé, ¿Como se pone y en qué momento? ¡Indisimulable!
Al atardecer, en casa me esperaba lo mismo de siempre, la merienda, las tareas del cole, la pelea por el baño, el peine fino, el calor insoportable del horno y el sueño caprichoso que viene y va.
Más cerca de los cincuenta, invité a todos a comer afuera, tomé vino blanco que casi no es vino y para cuándo volvimos ya eran las 12.
Como es costumbre en mi familia, los chicos trajeron la torta que estaba escondida, me cantaron, soplé la velita y pedí un solo deseo: “ no tener que recurrir al sex shop”.
Esa noche, por las dudas practique. Cada vez que me despertaba por el calor o porque sí, en lugar de protestar hice feliz a mi marido.




Sexo débil?


Soy Adriana, vivo sola con mis dos hijas desde que me separé y estoy absolutamente convencida de que es por eso, por que tengo un marido, que me pasan una serie de eventos desafortunados.
Cuándo me mudé al departamento en el que vivo, al primero que conocí fue al encargado. Parado en la puerta de entrada, escoba en mano pero sin barrer, miraba como yo me las arreglaba para bajar las cajas del camión, sostener la puerta y llamar al ascensor.
Lo que digo es, ¿hubiera actuado igual, sin el lugar de sola, estaba acompañada por un hombre?
Seguro que no.
Terminé de subir hasta el último pañuelo y sonó el timbre. Era él.
- Soy Luis, el encargado.
- Que amable, vino a darme una mano, pase.
- No es mi hora de descanso, vine por que la gente que estaba antes, me pagaba el cable a mi.
- Como si usted lo tiene gratis, pero además es un delito, salga de acá que no seré hombre pero tengo lengua y si me molesta lo denuncio.
Encendí el televisor y obviamente no tenía cable.
Después tuve la suerte de conocer al asistente del plomero de la administración, uno peor que otro.
Para descubrir que los azulejos de la pared donde estaba el horno se hinchaban por el calor, me rompieron media cocina. Después no conseguían los azulejos de reposición y pretendían poner otros parecidos.
-Te explico, le dije, en tres días llega mi marido de viaje y si ve lo que hicieron se va a armar.
Esa misma tarde, trajeron los azulejos y no se fueron hasta terminar, al día siguiente volvieron para retocar los detalles y al otro, para preguntarme si había quedado bien. ¿Que les pasa? ¿Son todos huérfanos? ¿No tienen madre?
Nunca manejé, pero cuando mi hija mayor empezó la secundaria, me di cuenta de que iba a necesitar un auto. Saqué el registro y compré lo más parecido a un carting que encontré, un Reault 12 del ´86.
El mecánico me decía que estaba hecho pelota, que no servía para nada y que los repuestos ya no se fabricaban.
Cuando me lo quiso comprar descubrí que chamullaba.
- Soy mujer, no tarada!
- Se lo vendo a cualquiera menos a vos.
¿Queres un auto viejo? Andate a Warnes y fijate si podes joder a los gitanos.
Cuando manejas no les importa nada, el más educado te manda a lavar los platos, algunos estan muy mal, son capaces de tirarte el auto encima o bajarse para darte una piña. Tendrían que incorporar la violencia entre las faltas de tránsito.
Con el tiempo aprendí, hay que ponerse firme, seria, estar prevenida por que algunos hombres se creen sos tonta, si no te cagan por lo menos lo intentan y si para defenderte, les hablas en su idioma, seguro lesbiana.
Cuando estas sola, hasta tus amigas te discriminan. Quedas fuera de las cenas, y salidas. Si no tenes marido, te toca un cafecito a la tarde y no muy largo, pasaste a ser una mala influencia, una amenaza.
Ya no importa si hay amor, amistad, compañerismo, si te separaste hace un mes o hace años, si tenes hijos chicos o ya estas por ser abuela, si tu esposo es fiel o le gustan los varones.
Lo que importa es que en tu casa haya un marido.





lunes, 3 de marzo de 2014

Verdad y Consecuencia

Mi nombre es Adriana, tengo 47 años pero me siento como a los 25, con esa misma intensidad, aunque últimamente me pregunto ¿Quien esa gorda que veo en el espejo? 
Hoy me llamó una amiga llorando desconsolada por que el marido la dejó después de que le confesó que había tenido sexo con el cadete de la oficina. No podía mas con la culpa y a cada momento le parecía que él se había dado cuenta y que le tiraba indirectas. 
Pero la muy tonta se equivocó, el tipo, para variar ni se lo imaginaba, estaba totalmente en otra. 
-Te sentis mejor? Le preguntó. 
-Si, me estaba matando por dentro este secreto, contestó ella. Y trató de explicarle que fue una tontería, que el chico ni le gustaba, pero él la interrumpió al toque. 
-Esto a mi, no me va, tomémonos un tiempo. Quiero pensar. 
¡Pero obvio querida! ¿En que cabeza cabe? ¿Como se te ocurre contar una cosa así? 
Mal! Para eso están los psicólogos nena. 


No daba para seguir hablando por teléfonoasí que le dije que a la noche pasaba por su casa. Me imaginé que en ese estado, no saldría ni a comprar puchos. 

Llegué como a las diez media y efectivamente ni siquiera se habia sacado el camisón, me abrió la puerta y se metió en el cuarto. Cuando entré, me di cuenta de que había una especie de reunión de chicas y casi me muero. Me hubiera quedado en casa, lunes a la noche que garrón. 
Todas deliberando sobre el tema, que volvía en dos días, que lo llame, que no, que seguro él la cuernió mil veces, blablabla.
Ella raspaba el fondo de un pote de helado de medio kilo y se sonaba los mocos en la sábana. ---Hay errores con los que una tiene que cargar sola, se me ocurrió decir. Y se armó un debate sobre si estaba bien o no haberle contado su infidelidad. Yo aporté mi teoría: la pareja sobrevive si se mantienen bien guardados los secretos de cada uno. Pero eso es mentir, es vivir en el engaño, dijo una. Claro, yo no podría, para mi la pareja y la amistad existen solo si hay absoluta sinceridad, dijo otra. Era tarde y perdí. Me puse a discutir. 
- Hay verdades que no sirven para nada; verdades que nadie quiere escuchar, que dañan. 
- Que decis! Me interrumpió una que sale con un pibe 15 años menor que ella 
Mi amiga la miró y le dijo: 
-La verdad que con ese novio que tenes pareces mucho mas vieja, la gente se pregunta si es tu hijo. Hablando de hijos, las tuyas dicen que tu novio es un tacaño, que las quiere comprar con chocolates Y todo el mundo sabe que tu viejo se curtía a la cajera del súper, iba siempre al mismo telo. De pronto me vi en medio de una guerra de verdades mas crueles que la misma realidad. Me sentí un poco culpable pero las dejé antes de tener que oir una verdad. Creo que ni se dieron cuenta. Busqué el auto y no estaba, en su lugar habían dejado un papelito con la dirección a dónde se lo había llevado la grúa. Por mi que se lo queden, pensé. Tomé un taxi y cuando llegué a casa mi marido me esperaba despierto. Todo bien? Pudiste guardar el auto en el garage? Si mi amor, por suerte estaba abierto.