La semana que viene cumplo 52.
Hace rato que hubiera detenido el
calendario para no cumplir ni un solo año más y podría haberlo
hecho, pero arrugué.
Tengo un amigo que trabaja en el
Registro Nacional de las Personas y siempre me ofrece cambiar la
fecha de mi nacimiento. El sostiene que mi madre estaba ansiosa y me
anotó antes de parir, yo lo tomo como una broma. Si fuera por eso,
mi edad variaría en días o meses y no es el caso.
Sigo siendo del 62, pero ya no
soy la misma. Es más, a los años que viví entre los cuarenta y los
cincuenta, les puse “ década de las declinaciones”; no por que
se hayan caído partes de mi cuerpo, eso lo mantengo casi en el
mismos lugar, el secreto es no marear a la balanza, si hay que
engordar que sea lo menos posible.
Declinaron las certezas.
Para empezar me separé del padre
de mis hijos con quien planeaba morir abrazada al estilo Filemon y
Bausis.
Primero le metí los cuernos, así
arrancó la cosa; cuando a él se le ocurrió confesar un amorío y
lo único que pude hacer fue pagarle con la misma moneda. Solo por
venganza me acosté con el primero que me dijo que sí.
Siempre sostuve que para mi la
fidelidad era irrelevante, no era infiel pero tampoco celosa.
En ese momento descubrí que el
tamaño es importante, que no da lo mismo.
Una sola vez me molestó; lo
escuché haciendo chistes con sus amigos decía que como era muy alto
( mide casi dos metros), la sangre no irrigaba bien. Me ofendí
muchísimo. ¿Como iba bromear con una cosa así?
Ante todo: si hay miseria que no
se note.
Pero no me importó, seguí con
él. Enamorada de mi gran hombre y su pequeño pene.
Tuvimos una buena vida, una
empresa familiar casi perfecta pero su infidelidad confesa no estaba
prevista, lejos estuve de perdonar, entender o superarla. Atrás
quedó mi esencia monogámica y progresista.
No podía con mi bronca y me
divorcié. Por suerte; me debía otras experiencias y en medio de un
huracán, dónde ya no sabía quien era, descubrí que lo del tamaño
tenía su costado práctico, por llamarlo de alguna manera.
No volvería a convivir y ahí
está otro de mis ángeles caídos: yo pensaba que la lógica de una
pareja enamorada era “el nidito de amor”.
Puede no serlo, no lo es para mi,
por ahora.
También en eso cambié, ya no me
siento segura estando segura de nada, ahora prefiero dudar o más
bien estar segura de que hay más de un camino.
Es lo que me gusta de seguir
cumpliendo años, aprender, cambiar. Y en movimiento, si quiero,
elegir otro rumbo. Torcer el destino.
Por eso, ya mismo me pongo a
organizar mi fiesta de cumpleaños.


